LA TRINIDAD: ¿SE PUEDE CREER EN ELLA SIN ENTEDERLA?

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LA TRINIDAD: ¿SE PUEDE CREER EN ELLA SIN ENTEDERLA?


Por Randal Rauser

La doctrina de la Trinidad – la doctrina de que el único Dios es tres Personas distintas e igualmente divinas – está en el centro de la confesión cristiana. En efecto, la doctrina ha sido confesada como la piedra angular de la ortodoxia cristiana, e idealmente también como el latido del corazón de la piedad cristiana. Pero, aun así, también representa lo que parece ser un misterio, en el mejor de los casos, y una contradicción directa, en el peor de los casos. Y esto nos lleva a un dilema que debe captar la atención de todo cristiano reflexivo.

Entonces, ¿cuál es exactamente el problema? La respuesta es simple, sencilla, incluso obvia: uno no es igual a tres. Seguramente todos estamos de acuerdo en eso. Y, sin embargo, los cristianos de todo el mundo parecen confundir esta sabiduría básica sobre una base regular. El problema es capturado en estas líneas del Credo de Atanasio (c. 500):

(3) y la fe católica es ésta: que adoramos a un Dios en Trinidad, y una Trinidad en la Unidad;

(15) Así el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios;

(16) Y, sin embargo, no son tres dioses sino un solo Dios.

Confesiones muy piadosas. El único problema es que no parecen tener sentido. Considere una analogía. Si el Gremlin es mío, y el Pacer es mío y el AMX es mío, entonces tengo tres coches, no uno. Cuando se trata de la doctrina de Dios confesamos que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu es Dios. Así que seguramente la misma lógica que debe seguir es: debe haber tres dioses, no uno.

Sin embargo, hay uno, y que son distintos, y… esto no tiene sentido. ¿Cómo puede uno ser igual a tres?

Mientras que esa aparente contradicción puede ser preocupante, esta es la parte realmente desalentadora: mientras que muchos cristianos tienen una vaga idea de que la doctrina de la Trinidad oculta una aparente contradicción, a ellos no les parece importarles. Para empeorar las cosas, a menudo encubren su falta de interés en un tenue velo de seudo-religiosidad al afirmar que los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos, como si ahí es donde debería terminar la conversación.Sin embargo, no creo que se deba terminar. Sin duda estoy de acuerdo en que no podemos entender todo lo de Dios, pero aquí no estamos hablando acerca de todo. Más bien, estamos hablando de la búsqueda de la coherencia de nuestras confesiones más básicas de quién es Dios. Eso no es un intento imprudente, arrogante, de conocer la mente de Dios a través de la razón pura.

 

Piense en ello en términos de la regla de oro. Si un musulmán, o un hindú, o un ateo le proponen algo para su creencia que le pareciera ser francamente contradictoria, usted no asentiría con la cabeza esa creencia mística, y menos usted abrazaría ese misterio incomprensible para creerlo a como dé lugar. Más bien, usted demandaría una defensa, una explicación sólida y coherente del asunto. Así que ¿por qué los musulmanes, hindúes, o ateos deberían esperar menos de nosotros?

Tan importante como son las cuestiones de significado básico y apologética, hay otra cuestión en juego aquí también, y es una cuestión de piedad. Si una confesión parece ser francamente contradictoria, entonces no puede ser cierta como se indica. Así que la búsqueda de una explicación de cómo en Dios uno es igual a tres no es simplemente la búsqueda de explicar un acertijo matemático o silenciar a los escépticos. Más importante aún es una búsqueda para conocer a Dios más plenamente. Y yo creo que esta es una misión que vale la pena el tiempo y esfuerzo.

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