SÓLO EL PADRE ES DIOS

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Sean Finnegan

Jesús sabía que esta era su última vez con los discípulos antes de que lo tuvieran en custodia. Él oró justo antes de hacer su camino a través del valle del Cedrón, el Jardín de Getsemaní. Los discípulos escucharon con seriedad, y probablemente seguían en estado de shock, porque Jesús había lavado los pies. Mientras oraba no miraba hacia abajo, en vez  de eso él miró hacia arriba, al Padre. En el comienzo de su oración, hizo una declaración extraordinaria sobre la vida eterna. Él dijo, “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3). Según este versículo, hay dos personas que deben ser conocidas: el único Dios verdadero, y a Jesucristo. Jesús consideraba al Padre como el único Dios y él se consideró distinto del único Dios. Esta simple verdad es elevada al más alto nivel cuando es precedida de la declaración: “Esta es la vida eterna…”. Es decir, la vida eterna depende de nuestra comprensión de Dios y de Su Hijo.

Además, el apóstol Pablo fue inspirado por Dios para escribir en el mismo sentido en su primera carta a Timoteo.

I Timoteo 2:3-6 NVI – Esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien se dio a sí mismo como rescate por todos, el testimonio dado en el momento adecuado.

Hay dos deseos de Dios vinculados estrechamente: 1) Que todos se salven, y 2) Que todos puedan llegar a conocer la verdad. En el versículo cuatro “la verdad” no se refiere a todo lo que ocurre en general, sino una verdad muy específica. Los próximos dos versículos explican “la verdad” que Dios desea que todos los hombres conozcan. El primer ingrediente es que hay un solo Dios. El segundo ingrediente es que el hombre Cristo Jesús es el único mediador entre Dios y la humanidad. El tercer ingrediente es que Jesús se dio a sí mismo en rescate por todos en el momento adecuado. No hay confusión entre Jesús y Dios, pues son totalmente distintos en naturaleza y en función. De acuerdo con el saludo de la presente carta (I Timoteo 1:2), Dios es el Padre, y Jesucristo es nuestro Señor. Sólo unos pocos versos antes, a donde estamos ahora, se dice que el único Dios es inmortal. (En la palabra “inmortal”, el prefijo, “in”, significa no, y mortal significa que puede morir, de modo que inmortal significa que no puede morir.) Sin embargo, el tercer ingrediente de “la verdad” es que Jesús se entregó a sí mismo como rescate por todos. A fin de que a Jesús pueda morir, él debía ser mortal. Por lo tanto, podemos concluir que el único Dios (el Padre) es completamente distinto de un hombre miortal (Jesucristo). Es importante reconocer esta distinción, ya que es entender que Cristo se dio a sí mismo como rescate por todos.

Un tercer texto que ofrece una claridad sobre este tema se puede encontrar en I Corintios. El contexto se refiere a la idolatría y el comer los alimentos que son sacrificados a los ídolos. Pablo reconoce que hay muchos que se llaman dioses.

I Corintios 8:6 NVI – Sin embargo, para nosotros no hay sino un solo Dios, el Padre, de quien son todas las cosas y nosotros somos para él, y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas, y nosotros por medio de él.

Este texto no deja margen de maniobra para las definiciones complicadas de Dios. Él es el Padre que creó todas las cosas. Él es la fuente de la cual todo, incluyendo a Jesús, se originó. Él es el único Dios, y somos capaces de llegar a Él a través de un solo Señor, Jesucristo. El Padre hizo todo, y experimentamos todas las cosas a través de Cristo.

Hay muchos otros lugares en el Nuevo Testamento que hablan de Dios como el Padre. Considere los siguientes versículos: Juan 1:18, 4:23 y 24; 6:27, 8:41 y 42, 54 y 20:17, Romanos 1:7, 15:6; I Corintios 1:3, 8:6 ; 15:24; II Corintios 1:2 y 3; 11:31; Gálatas 1:1,3 y 4; Efesios 1:2 y 3, 17; 4:6; 5:20, 6:23, Filipenses 1: 2, 2:11, 4:20, Colosenses 1:2 y 3; 3:17; I Tesalonicenses 1:1, 3, 3:13, II Tesalonicenses 1:1 y 2; 2:16; I Timoteo 1:2 , II Timoteo 1:2, Tito 1:4, Filemón 3, Santiago 3:9, I Pedro 1:2 y 3; II Pedro 1:17, II Juan 1:3, Judas 1:1, Apocalipsis 1:5 y 6.

El peso abrumador de la Escritura nos enseña que sólo el Padre es Dios. Él es el Creador impresionante de todo lo que existe. Él es el ser más poderoso en el universo. Él no tiene igual, ya que incluso lo confesó a Jesús (Juan 10:29; 14:18). Él es llamado el “un solo Dios y Padre de todos que está sobre todos y por todos y en todos” (Efesios 4:6 NVI). Alrededor de dos mil años atrás, trajo a la existencia de su Hijo perfecto que salvaría a la humanidad de la destrucción. Jesús, el único perfectamente obediente, siguió el plan de Dios a la perfección. Como resultado de ello hoy en día tenemos acceso al Padre por medio de él.

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